La leyenda

Andrés de Proaza fue un joven portugués que acudió a Valladolid a estudiar medicina. No sintiéndose satisfecho con las disecciones de cadáveres que se llevaban a cabo en la universidad, pronto decidió experimentar las suyas propias en el sótano de su casa de la calle Esgueva.

Pronto, desapareció un niño de diez años. Cuando los alguaciles, alertados por los vecinos, se presentaron en la casa del medico, se encontraron con el pequeño tendido sobre la mesa, muerto y con el pecho abierto en canal dejando a la vista algunos de sus órganos vitales.

Andrés de Proaza declaró que obedecía las ordenes que el diablo le daba a través de un sillón frailero. A cambio, este le había prometido conocimientos jamás soñados por ningún otro ser humano. Además, aseguró que todo aquel que se sentase tres veces en él sin ser médico o que intentase destruirlo, moriría.

El sillón acabó amontonado en un sótano de la universidad hasta que siglos después un bedel lo descubrió, utilizándolo parar sus descansos. Tres días después este apareció muerto. Su sustituto utilizó el sillón con normalidad hasta que a los tres días, este volvió a aparecer muerto. Y fue entonces cuando las miradas se posaron sobre el mueble y la leyenda fue recordada.

Puedes ampliar la información en el articulo dedicado a El sillón del diablo en wikipedia.

 

 

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